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Nick Lowe no necesita presentación. Con más de cinco décadas de carrera, este músico británico se ha ganado un lugar inamovible en la historia del rock, el pub rock y el power pop. Desde sus primeros días con Brinsley Schwarz hasta sus discos en solitario, Lowe ha demostrado un talento único para mezclar melodía, ingenio y una honestidad conmovedora en cada canción. Hoy, a sus 75 años, sigue en plena forma, reflexionando sobre su carrera, la música y la inercia creativa que lo ha llevado a mantenerse activo en un mundo que cambia con rapidez.

En recientes entrevistas, Lowe no esconde su conciencia de que ha llegado a un punto avanzado de su vida y trayectoria. “Veo a lo lejos la bandera de cuadros que dice ‘hasta aquí’”, comenta con humor y cierta nostalgia. La metáfora de la bandera de cuadros refleja el reconocimiento de que cualquier carrera tiene un final inevitable, pero la chispa de la pasión por la música sigue viva en él. “Pero parar ahora sería una locura”, añade, mostrando que su motivación para seguir creando y girando no solo se basa en la fama o en el legado, sino en el placer puro de la música y la conexión con su público.

Un legado inconfundible

Nick Lowe es sinónimo de canciones que se quedan pegadas a la memoria sin esfuerzo. Clásicos como Cruel to Be Kind o I Love the Sound of Breaking Glass han trascendido generaciones y estilos. Su capacidad para escribir melodías memorables y letras cargadas de ironía y emoción lo ha convertido en un referente para artistas de todos los rincones del rock y el pop. Además, su influencia como productor no es menor: trabajó con grandes como Elvis Costello, a quien ayudó a definir su sonido inicial, y con artistas del soul y el rock británico que buscaban un enfoque más directo y natural en el estudio.

Lo fascinante de Lowe es cómo ha logrado mantenerse relevante sin ceder a modas pasajeras. Su estilo es inconfundible: un equilibrio entre la suavidad melódica, la energía del pub rock y la inteligencia lírica que convierte incluso las historias más cotidianas en narrativas atrapantes. A lo largo de los años, ha experimentado con distintos géneros, desde el rockabilly hasta el country más clásico, siempre manteniendo su voz y su autenticidad como hilo conductor.

La música como motor vital

Para Lowe, la música no es una obligación, sino una necesidad. En su mirada hay un reconocimiento de que el tiempo pasa, pero también una declaración de que seguir tocando y componiendo es esencial para su bienestar. “Cuando subo al escenario o estoy en el estudio, el tiempo desaparece”, explica. Esa conexión con la música es lo que lo mantiene activo y creativo, a pesar de que podría permitirse descansar y disfrutar de los logros acumulados.

Sus giras recientes y lanzamientos muestran que Nick Lowe no está dispuesto a quedarse quieto. Cada disco nuevo es una oportunidad de experimentar, de sorprender a sus fans y de reafirmar que la pasión por la música no disminuye con los años. Para él, el final de la carrera no está marcado por la edad o la nostalgia, sino por la voluntad de seguir creando algo que merezca la pena.

Un ejemplo de constancia y autenticidad

El mensaje de Lowe es claro para cualquier músico o amante del arte: la verdadera motivación no viene de los reconocimientos ni de los logros pasados, sino del deseo de seguir haciendo lo que uno ama. Su carrera demuestra que se puede combinar talento, constancia y pasión, y que la creatividad no tiene fecha de caducidad.

Mientras otros artistas de su generación optan por retirarse o reducir el ritmo, Nick Lowe sigue desafiando la lógica y la edad. La bandera de cuadros está ahí, visible a lo lejos, pero él sigue corriendo la carrera con una energía admirable, recordando a todos que la música es, por encima de todo, un camino que se disfruta paso a paso, nota a nota, acorde a acorde.

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