En plena naturaleza y alejado del bullicio de las playas más turísticas, existe un rincón en Cataluña que se ha convertido en el refugio perfecto para quienes buscan darse un chapuzón sin aglomeraciones. Este lugar, conocido por su belleza salvaje y su ambiente tranquilo, es el Gorg de la Malatosca, en Sant Joan de les Abadesses, una de las pozas más encantadoras del Pirineo gerundense y, sin duda, el paraje favorito de muchos catalanes que desean disfrutar del agua y la calma en plena montaña.
Situado en la comarca del Ripollès, este enclave natural parece sacado de un cuento. El Gorg de la Malatosca está rodeado de frondosos bosques de hayas y robles, con el sonido del agua del río Malatosca cayendo suavemente en una pequeña cascada que alimenta la poza. Su nombre, que proviene de antiguas leyendas locales, añade un toque de misterio: se dice que en tiempos pasados era un lugar habitado por brujas y espíritus del bosque, lo que ha contribuido a darle un aire aún más mágico y legendario.
Lo que hace tan especial a este lugar no es solo su belleza natural, sino la paz que transmite. A diferencia de otras zonas más concurridas como el Congost de Mont-rebei o las playas de la Costa Brava, aquí el silencio se convierte en protagonista. Solo se escucha el canto de los pájaros, el murmullo del agua y el viento moviendo las hojas. Es el sitio ideal para escapar del estrés, desconectar del móvil y reconectar con la naturaleza.
Llegar hasta el Gorg de la Malatosca no requiere ser un experto senderista, aunque sí se debe ir preparado con calzado adecuado. Desde el pueblo de Sant Joan de les Abadesses, el acceso es bastante sencillo: un sendero corto y bien señalizado lleva al visitante a través del bosque hasta llegar al gorg. El recorrido, de apenas 15 minutos, es una experiencia en sí misma, especialmente en verano o en los primeros días del otoño, cuando los tonos verdes, ocres y dorados crean un espectáculo visual inolvidable.
Una vez allí, los visitantes se encuentran con una poza de aguas cristalinas, perfecta para un baño refrescante en los días calurosos. Aunque el agua suele estar bastante fría, esa es precisamente una de las razones por las que muchos la disfrutan tanto: la sensación de pureza y frescura es inigualable. Muchos optan por llevar una toalla y pasar la tarde junto al agua, mientras otros se aventuran a explorar los alrededores o hacer picnic bajo los árboles.
El entorno está protegido, por lo que se recomienda respetar la naturaleza al máximo: no dejar basura, no alterar el cauce del agua y evitar el uso de jabones o productos químicos. Parte del encanto del Gorg de la Malatosca radica en que se mantiene virgen y poco masificado, y la clave para conservarlo así es el respeto de quienes lo visitan.
Este rincón es también una opción ideal para los amantes de la fotografía. La luz que se filtra entre los árboles, el contraste del verde con las rocas y el reflejo del agua crean composiciones que parecen de postal. Al caer la tarde, el paisaje se tiñe de tonos dorados que hacen que el lugar cobre aún más vida.
Más allá del Gorg, Sant Joan de les Abadesses es un pueblo encantador que merece la visita. Su puente medieval, su monasterio benedictino y sus callejuelas empedradas permiten completar la excursión con un toque cultural e histórico. Muchos visitantes aprovechan para pasar el día entero en la zona, combinando naturaleza, gastronomía local y descanso.
En tiempos en que las playas suelen estar llenas y las escapadas de montaña ganan popularidad, el Gorg de la Malatosca se ha consolidado como el paraje favorito de los catalanes que buscan tranquilidad sin renunciar a un buen baño. Es el lugar perfecto para quienes prefieren el canto de los pájaros al sonido de los chiringuitos, el frescor del agua natural frente al calor del asfalto, y la compañía de los árboles antes que la de las multitudes. Un pequeño paraíso escondido que, sin grandes pretensiones, ofrece todo lo que uno necesita para sentirse libre.